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Responsabilidad Social Empresarial en Bolivia

Por Patricia Sanchez Ramos

La Responsabilidad Social Empresarial llegó a Bolivia hace unos 20 años y, desde entonces, los actores empresariales están tomando conciencia de que la RSE es algo más que filantropía y que debe ser entendida como un modelo de gestión y no como la suma de acciones aisladas y reactivas de asistencialismo. Es claro que todavía queda un largo camino por recorrer.

La filantropía y la solidaridad siguen ocupando los primeros lugares en la actividad de las empresas, de acuerdo a la publicación "Responsabilidad Social Empresarial. Teoría, tendencias y desafíos futuros para Bolivia" que cita el último reporte de COBORSE sobre el estado de situación de la RSE en el país. Se indica que, las acciones –en su mayoría- suele estar orientadas al apoyo a los sectores de salud y educación con acciones que benefician a niños, jóvenes y mujeres que viven en situaciones de vulnerabilidad y pobreza extrema, además de cultura y la promoción del deporte. En muchos casos, la Responsabilidad Social Empresarial es empleada como una forma de promoción de la imagen institucional (marketing) a fin aparecer ante la opinión pública como empresas socialmente responsables. Así, muchas compañías han invertido en programas de capacitación y educación para sus distintos grupos de interés. Las instituciones financieras lo hacen en la educación financiera de sus clientes. Las mineras en negocios productivos y autosustentables.

Otro componente habitual de las RSE son las iniciativas dirigidas a promover el voluntariado. Asimismo, se recauda fondos para ayudar a familias de escasos recursos y para resolver problemas de educación, salud, cultura, vivienda, entre otros. También aparecen las acciones destinadas a resolver problemas de medioambiente como el cuidado de bosques, reciclado, ahorro de agua o energía y la prevención de desastres naturales. Como beneficiados aparecen, en primer lugar la comunidad del entorno donde operan las empresas, y después los niños, jóvenes, mujeres (violencia de género), así como personas con capacidades diferentes. Los medios de comunicación son los promotores de estas actividades, pero el tratamiento de la problemática carece frecuentemente de especialización, y gran parte de las publicaciones sobre el tema son esporádicas y, en la mayoría de los casos, obedece a intercambios de publicidad en entregas especiales.

El panorama descrito muestra que la RSE en Bolivia tiene todavía un grado de evolución incipiente, aunque la buena noticia es que muchas empresas están desarrollando importantes esfuerzos para comprender la responsabilidad social desde un enfoque estratégico de tal manera que sea incorporada como factor de competitividad a las bases estratégicas empresariales y sus acciones sean integradas a de manera sostenible a la cadena de valor agregado y al giro de negocio. Las empresas empiezan a comprender que, progresivamente, la RSE debe constituirse en un elemento estratégico del negocio y esencial para el liderazgo y la excelencia en la gestión empresarial. Existe un gran esfuerzo para diseñar acciones de RSE con sus grupos de interés y desarrollar productos con ese enfoque. Un importante avance se registra en el sistema financiero, impulsado por la normativa que obliga a las entidades de intermediación a tener una calificación de desempeño social.

Las primeras calificaciones, correspondientes a la gestión 2014, han mostrado que las instituciones de este sistema tienen un moderado compromiso social y que los bancos Pyme y las Instituciones Financie- ras de Desarrollo (IFDs) presentan el mejor desempeño debido a la orientación específica de su actividad. Los avances debieran ser sostenibles porque no está lejano el momento en que la exigencia de una calificación de desempeño social se haga extendida a todas las empresas tal cual sucede en otros países del mundo. Es más, al momento, ya se exige alguna calificación de este tipo para créditos internacionales o para la conformación de alianzas estratégicas. Por todo lo anotado, lo recomendable es que se empiece a romper ciertos paradigmas.

Lo fundamental, alejarse de la filantropía, del marketing de la acción social y de las iniciativas de buenas intenciones o asistencialismo, para integrar la RSE como factor de competitividad a las bases estratégicas empresariales con definición de objetivos. Segundo, enfocar la RSE como factor de competitividad para integrar las acciones de RSE con el sistema de gestión de manera sostenible a la cadena de valor agregado. Tercero, convertir a la RSE ya integrada al giro de negocio como factor de competitividad en Inversión Social Estratégica. Tercero, generar información con resultados de gestión "Triple Bottom Line" (dimensiones económica, social y medioambiental), teniendo como receptores a grupos de interés priorizados.

Fuente Nueva Economia

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